Sexualidad prehispánica

La sexualidad entre los pueblos anteriores a la colonización fue un asunto censurado por los conquistadores, debido a que consideraron pecaminosa la sexualidad abierta, aunque los primeros cronistas rescataron en sus escritos diversos aspectos de prácticas sexuales que vieron al llegar al nuevo territorio.


Estudios de varios especialistas en el tema hablan sobre diversos aspectos de la sexualidad prehispánica, como la homosexualidad entre los mayas, la masturbación ritual en Centroamérica, la sexualidad en la tradición mesoamericana o las transgresiones sexuales.

Durante siglos estos asuntos no se trataron y numerosos vestigios de temática sexual fueron ocultados al público, entre ellos los falos gigantes de la huasteca o de los mayas, así como imágenes sobre homosexualidad y otras alusiones sexuales, no aceptadas.

Al parecer no todos los pueblos antiguos compartían las prácticas sexuales, pues la reserva de los mexicas contrastaba con la liberalidad sexual de los huastecos o totonacos --que permitían la sodomía y la pederastia-- o con la de otros grupos como los otomíes, yaquis o los grupos que ellos denominaban chichimecas.

Esta liberalidad fue recogida por los primeros cronistas de la conquista. Según la leyenda de Fray Bernardino de Sahagún que reproduce el número de la revista Arqueología Mexicana.

Se trata de un pasaje de la Historia General de las cosas de Nueva España, de Fray Bernardino de Sahagún, que recoge numerosos testimonios de la sexualidad entre las sociedades prehispánicas.

La historia citada por Fernando de Alva Ixtlixochitl es la de una princesa mexica, que era hija de Axayacatl, que fue entregada a Nezahuallpilli, tlatoani de Texcoco e hijo deal legendario Nezahualcóyotl.

Esta princesa, cuenta De Alva, comenzó a ordenar en secreto que buscasen "cualquier mancebo galán y gentil hombre acomodado a su gusto y afición para que se aprovechase de ella y, habiendo cumplido su deseo, lo hacía matar y luego mandaba hacer una estatua de su figura o retrato", que colgaba en una sala.

Otra de las prácticas prehispánicas fue la homosexualidad, que fue recogida en numerosos testimonios de los misioneros y en las mismas Cartas de Relación del mismo Hernán Cortés, quien escribió: "Hemos sabido y sido informados de cierto que todos son sodomitas y usan aquel abominable pecado" que consideraban "nefando contra natura".

El adulterio era uno de las principales transgresiones teniendo como castigo la pena de muerte o en su defecto la mutilación de las partes nobles.

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